Bolívar, la integración latinoamericana y el primer mundo.

 

 

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999 llama a la consolidación de la integración latinoamericana en clara alusión a lo que algunos creen fue un sueño de Bolívar. En este trabajo de investigación mostraremos que tal creencia es una mala interpretación de las ideas y acciones del Libertador. Mostraremos que todas sus iniciativas panamericanistas no eran más que una estrategia para beneficiar a Venezuela, incluso a costa de los demás países latinoamericanos. En consecuencia, propondremos que tal llamado a la "integración bolivariana latinoamericana" sea sacado de nuestra Constitución, y que el dañino mito del integracionismo ciego, entreguista y a ultranza, el cual ha sido tan perjudicial a nuestros intereses económicos y geopolíticos, sea exorcizado de la idiosincrasia del pueblo venezolano.

 

También examinaremos cual era el camino que el Libertador vislumbraba para hacernos parte de lo que podría ser considerado el primer mundo de su época.

 

 

¿La patria es América?

 

Es una idea equivocada el creer que el Libertador consideraba que su patria era América. Por el contrario, hechos y documentos históricos indican que él no vacilaba en sacrificar los intereses de otros países latinoamericanos si con eso favorecía a los de Venezuela. Todas las confederaciones y uniones que Bolívar planeó, empezando con la Gran Colombia, tenían como propósito servir a los intereses de la Venezuela de entonces.

 

Aunque el Libertador si tuvo un afecto sincero por la Nueva Granada, a quien beneficiaba grandemente la creación de la Gran Colombia era a Venezuela, ya que ésta había quedado destrozada, paupérrima y con su clase intelectual aniquilada como consecuencia de la guerra de independencia más cruel de toda la América. No tan sólo eso, sino que comparada con el más rico y educado Virreinato de la Nueva Granada, la Capitanía General de Venezuela de ese tiempo era una colonia de segundo orden, por lo que tal unión le convenía más. En términos del lenguaje domestico, se podría decir que la unión con la Nueva Granada era una especie de matrimonio de conveniencia, donde era Venezuela la que sacaba el mayor provecho.

 

Asimismo, no es por causas altruistas que el Libertador marcha a consolidar la independencia del sur, sino porque comprendía que la permanencia de cualquier territorio continental en manos del imperio español iba a ser una amenaza constante para la Gran Colombia, y por ende para Venezuela.

 

Al iniciar su marcha al sur, un motivo de preocupación para Bolívar era las iniciativas expansionistas del Perú y sus intentos de anexionarse Guayaquil (hoy parte de Ecuador), provincia que el Libertador consideraba parte de la Gran Colombia. Él estaba dispuesto a todo con tal de mantener a Guayaquil dentro de la Gran Colombia. Tanto así que en junio de 1822, al aproximarse al Ecuador ya liberado por Sucre, Bolívar pide autorización al gobierno en Bogotá para, de ser necesario, "emplear la fuerza [militar] en contener al Perú en sus límites" (ver ref. 1.) Finalmente, en su célebre entrevista con el general San Martín en Guayaquil el 27 de Julio de 1822, Bolívar resuelve pacíficamente y a favor de la Gran Colombia esta disputa sobre la posesión de Guayaquil.

 

A pesar de este resonante triunfo diplomático, las preocupaciones del Libertador no terminaron allí. En carta al Gral. Santander, fechada en Ibarra el 23 de diciembre de ese año 1822 (ver ref. 2), Bolívar describe los muchos recelos y desconfianzas que él abrigaba respecto a los demás países latinoamericanos. En ella él expresa "... y al sur el Perú, con muchos millones de pesos, con su rivalidad con [la Gran] Colombia y con sus relaciones con Chile y Buenos Aires." Es claro que aquí el Libertador ya ponderaba cual iba a ser el futuro escenario geopolítico con la Gran Colombia vecina a un Perú independiente, rico, expansionista y con fuertes alianzas al sur. Y estas consideraciones seguro estuvieron presentes cuando, poco más de dos años después, Bolívar acepta la creación de la República de Bolivia (1825.)

 

 

La creación de Bolivia.

 

La creación de Bolivia es un buen ejemplo de los dobles estándares que el Libertador podía seguir si con eso beneficiaba los intereses de la Gran Colombia. En un principio Bolívar se opuso a las iniciativas de los alto-peruanos para establecer una república propia, independiente del Río de la Plata y del Perú, porque esto planteaba una situación que era muy similar a la que se había presentado Quito en el año 1822, en donde algunas facciones habían pugnado por crear una república independiente, a lo cual el Libertador se había opuesto tajantemente. Aceptar ahora la independencia del Alto Perú sentaba un precedente que hacia muy precaria la situación de Quito respecto a la Gran Colombia. Sin embargo, una vez que el gobierno de Buenos Aires autoriza la autodeterminación de sus provincias del Alto Perú la situación pasa a ser muy distinta y el Libertador acepta la creación de Bolivia, porque ello convenía a los intereses Grancolombianos. La aceptación oficial del Perú no presentaba mayores problemas porque para ese tiempo Bolívar era jefe de Estado de ese país. Realmente, de principio a fin en este episodio lo que en todo momento privó en la mente de Bolívar fue lo que favoreciera a los intereses geopolíticos de la Gran Colombia. 

 

La creación de Bolivia lograba varios objetivos estratégicos: I) Hacía al Perú y a la República del Río de la Plata menos fuerte al separársele dos provincias a cada uno para formar a Bolivia. II) Flanqueaba al Perú en su frontera sur con un país, Bolivia, que con el joven Mariscal Sucre como presidente vitalicio iba a desarrollar fuertes lazos de alianza con la Gran Colombia. III) Creaba una barrera que separaba territorialmente al Perú de Chile y del Río de la Plata, su aliado natural, eliminando así la posibilidad de una futura confederación de los países del sur, la cual, de formarse, hubiera dejado a la Gran Colombia en una posición de formidable desventaja y sin posibilidad de imponer su hegemonía en Latinoamérica (ver mapas a continuación.)  

 

           

                     

                                   Mapa impreso en 1836                                                                     Mapa impreso en 1862

 

Mapas de la Suramérica del siglo XIX. El lector puede evaluar las implicaciones geopolíticas de la creación de Bolivia, la cual esta localizada en el centro de los mapas de arriba con su pequeña salida al mar original. 1) Compare la extensión territorial relativa de cada república resultante con la que hubiera tenido la Gran Colombia de haber permanecido unida (arriba a la izquierda en los dos mapas: Venezuela, Ecuador, la Nueva Granada, y Panamá con su estratégico istmo.) 2) Note como se acentuaba la ventajosa posición geográfica que la Gran Colombia tenía respecto a las demás repúblicas y en especial respecto a su belicoso y expansionista vecino, el Perú, ahora disminuido, aislado y flanqueado al sur por Bolivia. 3) Considere lo peligrosa que la situación se podía volver para la Gran Colombia de no existir Bolivia: se podía formar un inmenso y poderoso bloque Perú/Río de la Plata, poseyendo los ricos yacimientos mineros ahora en Bolivia y abrigando esa rivalidad peruana contra la Gran Colombia que tanto preocupaba a Bolívar (ver ref. 2.)

 

 

Es en gran parte para preservar esta configuración geopolítica que, pocos años después y ya en Bogota como presidente/dictador de la Gran Colombia, el Libertador le declara la guerra al Perú (1828), cuando este país termina amenazando con invadir y anexar a Bolivia (después de mantener serios enfrentamientos diplomáticos con la Gran Colombia.)

 

Un detalle interesante es que la misma creación de Bolivia revela claramente lo absurdo que es la creencia de que el Libertador era un ciego integracionista porque no existe nada menos integracionista que unir provincias pertenecientes a dos repúblicas limítrofes (el Perú y el Río de la Plata) para crear una tercera república independiente en el medio (Bolivia.)

 

En su propuesta panamericanista Bolívar jamás habló del fulano integracionismo ni de la creación de una sola nación latinoamericana (más bien una idea original de Francisco de Miranda.) Por el contrario, el principio que el Libertador en todo momento abrazó, por ser crucial para el mantenimiento de la paz entre las nuevas repúblicas, fue el del uti possidetis (“poseerás como poseías”), principio jurídico que establecía que los territorios de estas repúblicas serían aquellos que ellas poseían para 1810 según la división político-administrativa establecida por España en sus colonias americanas, y este principio es obviamente contrario a toda noción o idea de integración de estas ex-colonias.

 

La única integración que Bolívar si intentó fue la unión de la Capitanía General de Venezuela con el Virreinato de la Nueva Granada, unión que él propone en su Carta de Jamaica, unos de sus primeros documentos de gran relevancia (1815.) Ser lógico y consistente con esta propuesta requería descartar al mismo tiempo cualquier otra integración envolviendo a estas dos colonias. Eso es lo que el Libertador categóricamente hace, en ese mismo documento, respecto a una integración de toda Latinoamérica cuando después de expresar con el gran tacto diplomático que lo caracterizaba, que sería "una idea grandiosa el pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación", enseguida descarta tal idea razonando que ella era imposible debido a los "intereses opuestos" y a los "caracteres desemejantes" entre los distintos pueblos americanos (ver ref. 5.) A decir verdad, en el contexto de la época, la Carta de Jamaica era un tiro de gracia a la visión Mirandina de una sola nación continental latinoamericana.

 

Y esto viene también a desenmascarar otro mito ingenuo del que sufrimos los venezolanos: el creer que todos los pueblos latinoamericanos somos iguales. No lo somos. Las diferencias entre los “caracteres desemejantes” de los que habló Bolívar se han hecho aun más grandes con el tiempo. Éramos distintos en 1815 y somos distintos ahora.

 

 

El panamericanismo de Bolívar.

 

Lo que perseguía Bolívar con su panamericanismo latinoamericano era ante todo defender los intereses de la Gran Colombia contra amenazas que no tenían mucho que ver con los jóvenes (y aun no muy fuertes) Estados Unidos de Norteamérica, quienes acababan de salir de su (como a veces es llamada) segunda guerra de independencia contra los británicos (1812 a 1815.) Las amenazas se encontraban más bien al otro lado del Atlántico.

 

En aquel tiempo algunas potencias europeas formaban la llamada Santa Alianza, la cual soñaba con restaurar las estructuras políticas que existían antes de las guerras napoleónicas, y parte de esa restauración incluía devolverle a España sus colonias. Y si la Santa Alianza se decidía a intentarlo, el lugar casi seguro para el desembarco de las tropas europeas era Venezuela, precisamente donde también habían desembarcado la mayoría de tropas españolas durante la guerra de independencia.

 

Así, unos de los objetivos inmediatos que Bolívar intentaba lograr con un tratado panamericano de confederación y defensa mutua era el comprometer a las demás repúblicas latinoamericanas a suministrar dinero y tropas para la defensa de Venezuela en la eventualidad de que una invasión de la Santa Alianza llegase a ocurrir.

 

La efectividad, estabilidad y fortaleza de la confederación panamericana iba a depender de tres factores: I) Que para mantener la paz existiera un equilibrio de fuerzas entre todos los países latinoamericanos, donde "ninguno sería débil respecto a otro: ninguno sería más fuerte" (ver ref. 3.) II) Que estos fueran al mismo tiempo países prósperos y estables. IIII) Que además existiera entre ellos una entidad mediadora que sirviera como elemento "conciliador, en fin, de nuestras diferencias" (ver ref. 4.) Las acciones de Bolívar en el sur no fueron más que un intento por lograr estas tres condiciones.

 

Para entender plenamente sus motivaciones hay que pasearse por el escenario geopolítico global que el Libertador contemplaba. La historia de la comunidad de naciones europeas había sido una trágica secuencia de frecuentes guerras internas, y las más terribles de todas hasta ese momento, las guerras napoleónicas, acababan de terminar (batalla de Waterloo, 1815.) Bolívar necesitaba crear las condiciones y mecanismos que evitarían que tal historia se repitiera en este lado del Atlántico.

 

Eran la paz y los intereses de Venezuela los que estaban en juego, los que en ese momento particular coincidían en buena medida con los intereses de los demás países latinoamericanos, siempre y cuando estos estuvieran convenientemente divididos y al mismo tiempo sometidos a los tratados de una confederación, y que además ninguno fuera más fuerte que la Gran Colombia. En términos del lenguaje domestico, se puede decir que lo que el padre de la patria quería legarnos a los venezolanos no era solo un hogar estable (la Gran Colombia) sino que este estuviera en un vecindario bueno, afluente, tranquilo y bajo control.   

 

Al final el panamericanismo de Bolívar fracasó, y en buena medida por los recelos de los gobernantes latinoamericanos, quienes veían en el Congreso de Panamá un instrumento hegemónico de la Gran Colombia. Pero viniendo de testigos presenciales de su época, tales recelos son el mejor testimonio de que para sus contemporáneos Bolívar nunca actuó como si su patria fuera América. 

 

 

Bolívar y su camino hacia el primer mundo.

 

El panamericanismo de Bolívar incluía otros aspectos a los cuales no se les ha dado la relevancia que merecen, aspectos que él lista en su borrador Un Pensamiento Sobre el Congreso de Panamá (ver ref. 3.) Entre ellos está el que se tendría como miembro constituyente de esta confederación panamericana a la Gran Bretaña, la que, jugando un papel rector, tomaría "en sus manos el fiel de la balanza".

 

Con esta propuesta el Libertador, con su indiscutible pero aun hasta ahora tan poco comprendido genio, se estaba adelantando considerablemente a su época, al plantear lo que hoy se conoce como la Comunidad Británicas de Naciones (British Commonwealth), con las naciones latinoamericanas recién creadas formando parte de ella, participando así de la estabilidad política y de la economía más poderosa de su época (la que de paso, iba en ascenso.)   

 

Pero el Libertador va más allá de los aspectos económicos y políticos, y toca los de la reforma social, como es el cambiar el carácter de los pueblos hispanoamericanos. En este borrador él escribe que en esta confederación anglo-latinoamericana se consideraría a los súbditos ingleses "iguales a los ciudadanos de América", mientras que “El carácter británico y sus costumbres las tomarían los americanos por los objetos normales de su existencia futura.” Esta es una afirmación que algunos hoy (que aun no han comprendido a Bolívar) encontrarían insólita y ofensiva.

 

El Libertador fue siempre un admirador de las instituciones británicas, y ese deseo de hacernos en todos los aspectos parte del avanzado mundo anglosajón, lo que en aquel entonces era equivalente a querer hacernos hoy parte de lo que ahora llamamos el primer mundo, no era nuevo en él. Ya en 1815, en su Carta de Jamaica (ver ref. 5,) Bolívar propone para la futura Gran Colombia una forma de gobierno que "podría imitar al ingles." Y de hecho, menos de cuatro años después, en su célebre discurso al instalarse el Congreso de Angostura (discurso que en gran parte no es más que una alabanza a las instituciones británicas; ver ref. 6), Bolívar insiste y llama a los legisladores ahí reunidos al estudio profundo de la Constitución Británica. 

                      

Lo que es de gran importancia es que acá podemos extraer fácilmente una enseñanza de Bolívar cuya aplicación al mundo contemporáneo es clara: enfocarnos en crear fuertes alianzas económicas e institucionales con el primer mundo (no con países subdesarrollados, latinoamericanos o no), es una de las cosas que necesitamos hacer para poder convertirnos en parte de él.

 

                                                 

 

 

 

Bolívar a través de sus escritos.

 

Los grandes intelectuales han dejado sus pensamientos plasmados en las obras que ellos han creado. Redescubrir estos pensamientos usualmente se reduce al simple ejercicio de revisar estas obras, basados en el razonable supuesto de que ellas fueron creadas en el relax de sus estudios o sitios de trabajo y sin mayor presión externa, por lo que ellas constituyen realmente expresiones fieles de sus pensamientos.

 

Redescubrir ajustadamente el pensamiento de Bolívar es, por el contrario, mucho más difícil, y por varias razones. Primero el Libertador fue al mismo tiempo político, diplomático, estadista y militar, y lo fue en el medio de una gran guerra. Mucho de lo que él escribía, decía o proclamaba tenía un fin ulterior: ganar la guerra, y ganar la paz después de la guerra. Mucho lo que él escribía, decía o proclamaba tenía el fin ulterior de halagar y ganar el apoyo de posibles aliados, y al mismo tiempo el de desalentar, disuadir y hasta engañar a los enemigos. Bajo estas circunstancias es imposible pretender que todos sus escritos, algunos de ellos de hecho contradictorios, tengan que ser representación fiel de su pensamiento.

 

A esto se añade los prejuicios dogmáticos y casi religiosos de aquellos que pretenden presentar a Bolívar como una especie de santurrón, que iba por la América algo así como predicando “amaos los unos a los otros.” Estos prejuicios que nos han sembrado nos ciegan y nos impiden ver lo obvio, que Bolívar no era nada de eso, sino un estadista y un guerrero formidable, con una causa y una patria: Venezuela.  

 

Los escritos de Bolívar no se pueden interpretar en absoluto como documentos contenidos en sí mismos. Por el contrario, tienen que interpretarse fuertemente ligados al contexto de las circunstancias y vicisitudes del momento. Es por eso que para redescubrir el verdadero pensamiento de Bolívar es mejor empezar por darle mayor peso a los documentos que él escribió a personas de su verdadera confianza así como también a sus notas personales, que es precisamente lo que nosotros hemos hecho para este estudio. 

 

 

Bolívar, ¿Héroe Continental?

 

Bolívar es venerado como el héroe máximo en Venezuela y hay sobradas razones para ello, pero él no es visto igualmente en muchos otros países, incluso bolivarianos, como el Perú, donde es rechazado con gran rencor y antipatía, y los venezolanos debemos respetar a esos pueblos juntos con sus sentimientos.

 

Todas las confederaciones y la única integración que el Libertador si intentó consolidar (la de Venezuela con la Nueva Granada), nunca fueron un fin en sí mismo sino simplemente un medio para enfrentar las amenazas de la Santa Alianza europea, asegurar una paz duradera en el continente y fortalecer la hegemonía grancolombiana en Latinoamérica, y a través de ésta, proteger el bienestar de Venezuela.

 

Ese mal llamado sueño bolivariano de una sola patria latinoamericana nunca fue tal y ese Bolívar quien ha sido descrito como un ciego integracionista para justificar el regalo de nuestro país y de sus riquezas es un Bolívar falso: es el Bolívar de los tontos.

 

Es absurdo tener un mandato integracionista con rango constitucional que como tal esté por encima de consideraciones prácticas y puntuales hacia nuestros intereses contemporáneos, y que desconozca nuestras muy distintas realidades y conveniencias geopolíticas del siglo XXI y el camino hacia el primer mundo tal como se nos plantea hoy. Dicho mandato es de hecho antibolivariano, porque Simón Bolívar siempre actúo poniendo por encima de todo los intereses de Venezuela, los cuales nunca traicionó ni sacrificó en aras de, o para comprar, ninguna integración.

 

Ese es el Bolívar que nuestro pueblo debe comenzar a seguir para construir una Venezuela del primer mundo.

 

Movimiento V1M. 

 

 

Documentos citados, y algo más:

 

Ref. 1: Oficio de Bolívar para el Secretario de Relaciones Exteriores, 1ro de junio, 1822.

 

Ref. 2: Carta al Gral. Santander, Ibarra 23 de diciembre de 1822.

 

Ref. 3: Un Pensamiento Sobre el Congreso de Panamá, 1826.

 

Ref. 4: Convocatoria al Congreso de Panamá, diciembre de 1824.

 

Ref. 5: Carta de Jamaica, septiembre de 1815.

 

Ref. 6: Discurso ante el Congreso de Angostura, 15 de Febrero de 1819.

 

Himno a Bolívar, por Maria Teresa Carreño, 1883.

 

 

Alguna Bibliografía:

 

.- Obras de Bolívar, Vicente Lecuna, ediciones CANTV, Caracas, 1982 (cuatro tomos.)

 

.- Simón Bolívar, (biografía) por Alfonso Rumazo González, séptima edición, 1980.

 

.- Historia de Venezuela por J. M. Siso Martínez, sexta edición, 1962.

 

.- Bolívar y la Revolución, German Arciniegas, 1984.

 

.- Simón Bolívar, Escritos Fundamentales, Monte Ávila Editores, 1982.

 

.- Ideario Político de Simón Bolívar, selección y notas de J. A. Cova, 1981.

 

.- Simón Bolívar, Escritos Políticos. Selección e introducción de Graciela Soriano. Alianza Editorial, Madrid, 1971.

 

 

Algunos enlaces Web de interés:

 

http://buscabiografias.com/cronosimon.htm

 

http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/bolivar/

 

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/79150596101682496754491/index.htm